Discurso en el recinto sobre Blanqueo de Capitales

Voy a contar la historia de una ciudadana común, Maria de Betania, (en adelante María B) que ha tenido la fortuna de superar la informalidad (que hoy ronda el 35/40%) y pudo mantener durante los últimos años un empleo registrado, y que a fuerza de trabajo duro y muchas horas extras, afrontando la más alta carga tributaria de nuestra historia fiscal (el Estado se queda casi con la mitad de su ingreso, luego de retención x ganancias, IVA, combustible, impuestos provinciales y municipal), ha podido tener una pequeña capacidad de ahorro, aún cuando con un salario de bolsillo de $10.000, su empleador le retiene por cuenta y orden de AFIP casi un sueldo por año.
Muchos amigos y hasta su propio hermano (al que le iba muy bien haciendo negocios con el Gobierno) le dijeron que no siga ahorrando, que los ahorros se los iba a comer la inflación, y le recomendaban que lo mejor era comprar dólares…o consumir, que el dinero lo gaste en un LED, una heladera o un equipo de música, que los podía pagar en 36 cuotas fijas en pesos.
Pero el sueño de ella, su marido (trabajador informal) y su hija era el sueño de muchos argentinos, dejar de alquilar y tener la casa propia y por ello María B siguió ahorrando y ahorrando!
Cuando la inflación empezó a superar el 20% y se empezó a comer fuertemente sus ahorros en pesos y ante la suba del dólar frente a un mercado inmobiliario dolarizado que se veía cada vez más lejano se empezó a preocupar.
Cuando, mucho más preocupada, intentó comprar dólares la AFIP –arbitrariamente y sin respaldo legal – no le quiso vender ni 100 alegando que no tenía “capacidad económica para adquirirlos”, aún cuando ella acreditó sus ingresos con recibo de sueldo y las correspondientes declaraciones juradas de ganancias que pagaba religiosamente todos los años. Quiso conocer el criterio en función del cual se le negaba la legítima compra de dólares pero… AFIP nunca lo dio a conocer.
Sus amigos le dijeron que no le quedaba otra que adquirir dólares en el mercado paralelo, que empezaba a despegarse del dólar oficial, pero justo esos dias vio por la tele como aquellos que reclamaban a la AFIP para comprar dólares eran perseguidos, vio lo mal que la pasó el “abuelito amarrete” y vio como a quienes operaban en el mercado paralelo el Gobierno los tildaba de “terroristas económicos” y “especuladores”. María B no quería tener problemas con la Ley…
Pero lo que la terminó de tranquilizar fue la expresa decisión del Gobierno de pesificar el mercado inmobiliario y las recomendaciones de la propia Presidenta de que no convenía apostar al dólar porque “Si la dolarización hubiera triunfado, estaríamos todos muertos los argentinos hoy”.
También la escucho decir que “el gran desafío es convencer a los argentinos de que no hay que apostar al dólar”. Y hasta alguien le contó que en el nuevo Código Civil también preveía la pesificación de la economía! Incluso había proyectos del oficialismo presentados para establecer el uso obligatorio de la moneda nacional en los contratos.
María B tomó la decisión de confiar en la presidenta y en las cifras del INDEC que hablaban de una inflación anual de no más del 12%!!!. Pero en tan solo un año (abril 2012/abril 2013) sus ahorros medidos en dólares perdieron más de un 70% y no tenía la suerte de que su sueldo siguiera al menos la inflación real.
María B sufría… Sentía que comprar de contado el inmueble que le gustaba, un usado de tres ambientes, valuado en U$S100.000, es decir casi un millón de pesos, era imposible a este ritmo! Eran casi 100 sueldos suyos, mientras su capacidad de ahorro se reducía cada vez más por la inflación galopante y la presión tributaria.
Entonces, la publicidad del Fútbol para todos la decidió a acercarse al Banco Nación -el que mejores condiciones de acceso a un crédito hipotecario tiene respecto al promedio de mercado- pero María B se frustró otra vez al ver que era imposible calificar para un crédito: el monto máximo que el Banco le prestaba era de $700.000 lo cual no cubría el total que necesitaba financiar en pesos (con un dolar blue a 9 y sin acceso al mercado oficial de cambio, vedado x el BCRA), y la primer cuota que debia pagar, aún al plazo máx de 20 años, daba $10.021,93… más que su sueldo de bolsillo (único ingreso en blanco del grupo familiar), lo cual por supuesto superaba el porcentaje máximo (30%) de ingreso familiar permitido por las normas de riesgo crediticio (necesitaría ganar el triple!). Esto como decía, con la tasa más competitiva de mercado. Misión imposible. Qué dolor!
Intentó entonces que su familia y la de su marido accedieran a prestarle algo de dinero pero el dueño del inmueble sólo quería que le entregue dólares, aquellos que el Gobierno no le dejaba comprar en el mercado legal y que llego a $10 en el mercado paralelo.
Frustración absoluta!

Mientras tanto, su hermano Lázaro de Betania, (en adelante Lázaro B) venía haciendo todo lo contrario. No pagaba sus impuestos, nunca dejó de apostar al dólar….y al euro -que adquiría semanalmente en el mercado blue- y fugaba sus ahorros mal habidos al exterior, triangulándolos entre diferentes paraísos fiscales para diluir cualquier rastro de su titularidad y origen. Se decía que parte de ese dinero provenía de retornos de la obra pública y que los organismos públicos de control hacían la vista gorda. No tenía problemas con la AFIP ni con la UIF, ni con la PROCELAC! Algunos comentaban que Lázaro B… nunca tenía problemas judiciales porque… “hacía negocios con el Gobierno”.
Frustrada y desanimada por solamente “haber confiado”, María B, a los pocos días de haber renovado –un año más- el alquiler de su departamento, se enteró, por comentarios algo irónicos de su cuñada de que, que por una Ley del Congreso, Lázaro B había podido ingresar al país su dinero sucio, no solo sin consecuencia alguna, sino con la posibilidad de adquirir bonos que le pagaban intereses y certificados para la adquisición de inmuebles.
Y que, con esa posibilidad, se presentó ante el dueño del inmueble que tanto le gustaba a María B con un CEDIN por valor de U$S 100.000 y adquirió la propiedad, claro que no para vivienda ya que Lázaro B no vive en Buenos Aires, sino como “inversión”.
Hoy el Departamento de Lázaro B esta vacío y María B está cada vez más lejos del sueño de la casa propia. Según quien gane en la elecciones…el año que viene María B se replanteará la conveniencia de pagar su impuestos.

Sin haber entrado en disquisiciones técnicas, esta historia es un claro reflejo de los perjudicados y los beneficiados que dejará esta Ley.